sábado, 29 de junio de 2013

Hijos de tres progenitores.

He pasado a ser Serrano a secas, sin José Miguel.
El Gobierno británico dio ayer luz verde al tratamiento de fecundación in vitro con tres padres, técnica que persigue impedir el desarrollo de enfermedades mitocondriales en los descendientes; una «carga» que «sólo se pasa de madres a hijos», como explica el investigador Tomás Marques Bonet, del Instituto de Biología Evolutiva, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Reino Unido espera poder ofrecer esta técnica dentro de únicamente dos años. Una vez que el Gobierno apruebe el borrador de ley que lo permita, se convertirá en el primer país del mundo que aplica esta técnica, una prueba que podría beneficiar a 10 parejas al año.

¿En qué consiste?

La técnica, desarrollada por un equipo de investigadores de la Universidad de Newcastle, «consiste en sacar el núcleo de un óvulo de unos padres y transferirlo al óvulo de una mujer con la información de la mitocondria sana», precisa Marques Bonet.
La función de las mitocondrias es suministrar la mayor parte de la energía para la actividad celular, principalmente para el funcionamiento de órganos vitales. En el caso de que una mujer tenga la mitocondria defectuosa, ésta pasaría dicha carga genética a sus hijos, que podrían nacer con debilidad muscular, ceguera, insuficiencia cardiaca... Se estima que uno de cada 6.500 bebés está afectado por este defecto.
El Gobierno ha tomado esta decisión después de que una consulta pública, hecha a principios de 2012, concluyera que la población británica respaldaba este tratamiento, que despierta sensibilidades completamente opuestas.
Para la médica asesora del Gobierno Sally Davies no hay lugar a dudas. Se mostró a favor de poner en marcha este tratamiento «lo antes posible», ya que esta técnica «podría poner fin a enfermedades hereditarias, llevando esperanza a muchas familias que quieren evitar que sus futuros hijos hereden esta información genética de ellos», en declaraciones recogidas por la BBC. «Claramente se dan algunas cuestiones delicadas aquí», pero estoy «muy cómoda con la alteración de las mitocondrias», añadió.
El motivo es que «la mitocontria es una parte muy pequeña, de modo que la modificación genética sería también pequeña», como explica Marques Bonet.
Menos cómodos con esta técnica se sienten desde el Comité de Bioética de España. «Sorprende la seguridad con la que se anuncian resultados, supuestamente para unos diez casos anuales tan pronto como en 2015», afirmó José Miguel Serrano, del Comité de Bioética de España.
«Da la sensación –prosigue Serrano– de que se quiere volver a traspasar una línea roja de la legislación en experimentación genética con la excusa habitual de un posible efecto terapéutico».
«Las dudas sobre el procedimiento no están centradas sólo en la generación de embriones con tres progenitores genéticos, sino en la ausencia de conocimiento sobre efectos, ni mas ni menos, que en las líneas germinales», añade.
En este sentido, para Serrano, este tratamiento «presenta un procedimiento expresamente prohibido por la ley. La autoridad sanitaria pretende poner en marcha un modificación jurídica porque alteraría la información genética de los futuros descendientes».
Idea que no comparte el investigador Marques Bonet. «Aunque no sea un experto en legislación, esta posibilidad está regulada, pero no prohibida. Sí cambia una pequeña parte de información genética, pero sólo la de la mitocondria. Por ejemplo, si una mujer decide tener un hijo con el esperma de un donante no está dejando la decisión genética realmente al azar, ya que el esperma del donante anónimo no tendrá ninguna alteración genética que pueda transmitir. De modo que en este caso, tampoco debería haber ningún problema legislativo al respecto».

Poco probada

Aunque en estos casos es difícil encontrar un punto de encuentro, las dudas sobre esta técnica van más allá de la ética. El tratamiento aprobado por Reino Unido podría no estar lo suficientemente probado en animales. «Es una vieja técnica de bioética complaciente anunciar efectos no comprobados en humanos con insuficiente experimentación en escala animal», denuncia Serrano.
«No sólo estaría afectada la dignidad del embrión, sobre la que la legislación británica mantiene una actitud agresiva, sino que se incumple el principio de responsabilidad y precaución. Nadie está en condiciones de responder de los posibles efectos de la nueva práctica», concluye el experto del Comité de Bioética.
En este sentido, cabe recordar que un panel de expertos en ética médica del país ya revisó los posibles tratamientos para las enfermedades mitocondriales y decidió el año pasado que estas técnicas eran éticas y que por tanto podrán seguir adelante siempre cuando la investigación muestre que las pruebas son seguras y eficaces. Si bien, la noticia ha recibido también cuantiosas críticas, ya que muchos consideran que este tratamiento es el primer paso para «crear bebés de diseño».

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