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jueves, 16 de abril de 2015

Artículo en la Razón. Coherencia y conciencia.

Coherencia y conciencia. 

Más que un dilema  los diputados próvida del Partido Popular han tenido dos , entendiendo por supuesto  que no son diputados unilateralmente próvida sino que consideran que la protección de la vida humana desde su inicio hasta su final natural es un punto crucial de su acción política.
El primero para varios de ellos ha sido de coherencia. En efecto se trata de saber si la minireforma que sustituye el Proyecto Gallardón, minireforma que se limita a aplicar el régimen general de los actos médicos a este acto no médico del aborto, basta para condonar  las razones por las que ellos y su partido recurrieron la Ley Aído ante el Tribunal Constitucional.  La oposición a una parte fundamental del articulado de la norma no fue por razón de oportunidad, ni por un discurso de consenso sino por la creencia de que la norma afectaba al derecho fundamental a la vida de una forma grave, quebrando la jurisprudencia del propio tribunal. No va a ser fácil entender que esta  fuerte objeción,  se supera con una modificación más o menos cosmética  de alguna de las aristas más discutidas.
Pero el segundo problema que puede tener el diputado no es tan solo de coherencia sino también de conciencia.  Parto de la base de que los problemas jurídicos no son exactamente como los éticos. Es decir, se puede y se debe apoyar una ley reductiva del aborto, aunque no sea óptima, salvando siempre la posición personal de búsqueda de una norma que restringa aún más la actividad de las denominadas clínicas.

Sin embargo, es cierto que la reducción de la nueva norma debe ser lo suficientemente trascendente como para justificar un apoyo que “de facto” te convierte en votante de la casi totalidad de la Ley Aido. Pues la norma ligeramente reformada pasa a ser la de tu grupo, la que tú  has votado. Quienes ayer no votaron la reforma entendieron evidentemente que no se cumplía la condición exigida.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Inicio del error en mi bioética.

Al aproximarme a la bioética partía de un error inicial. Entendí la aproximación como parte de una lucha cultural. Lo fundamental era construir el argumento, es decir, la apologética. No se si ya entonces se cumplía en mi la aguda apreciación de don Colacho de que la apología encubre falta de convicciones y que la fe no es elocuente. El hecho es que sólo tardíamente, a través de largísimas páginas de discusiones, entendí lo que acabe encontrando inmejorablemente expuesto en Gómez Dávila, nada nos excusa del deber de comprender, parte de la construcción de nuestra propia alma. Luego, quizás, es relevante compartir, con unos pocos amigos lo que se cree haber entendido. De hecho, desde esta perspectiva la lectura de la bioética consiste en ver lo que están haciendo los bioéticos como parte del error moderno. Luego observamos que unos pocos han logrado ilustrar los contornos de lo que estaba ocurriendo. A veces construyendo un sistema en el que algunas intuiciones son verdaderamente esclarecedoras, otras sencillamente acertando en la descripción y en el relato.