jueves, 30 de octubre de 2014

Modelo bolivariano. En Venezuela no hay cargos públicos condenados por corrupción.

El modelo de honestidad bolivariano es infalible. En Venezuela no hay cargos públicos condenados por corrupción. Su modelo electoral es aún mas perfecto: el gobierno nunca pierde las elecciones.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Sófocles. Comentario

No es de  Zeus de quien ha emanado ese decreto y la Justicia que habita con los dioses subterráneos no ha establecido jamás para los hombres leyes semejantes. Yo no creo que tus edictos tengan tanta fuerza como para vencer las leyes no escritas e inmutables de los dioses.

Claves:

 La obligación de piedad de Antigona  (protegida por los dioses subterráneos) contra la ley de la polis que prohibe enterrar al traidor.
En la polis antigua según Hegel no se realiza la eticidad pues crea el conflicto entre ley y moral, impensable en el Estado Moderno.
Pero Antigona se refiere a Zeus, dios Olímpico que ejerce la Justicia y la imposición de Creonte es la de un tirano.
Por ello la lectura de Guido Fassó de la oposición entre la ley natural "no escrita e inmutable de los dioses" y la ley de los hombres "con apariencia de ley" es justa.
Antigona no acepta el castigo sino que maldice a Creonte y los dioses castigan la hybris de Creonte.

lunes, 27 de octubre de 2014

Dialogo de Melos. Tucídides.

104 Melios: 104.- Melios: “Habéis de saber que también nosotros consideramos difícil luchar contra 
vuestro poderío y contra la suerte, a no ser que ésta se muestre imparcial. Sin embargo, 
ponemos nuestra confianza en la suerte, por pensar que en lo que atañe a la divinidad no 
seremos postergados, ya que nosotros, respetuosos para con los dioses, nos enfrentamos a 
quienes no son justos. Y respecto a la diferencia de efectivos, quedará suplida por nuestra 
alianza con los lacedemonios, quienes forzosamente han de ayudarnos aunque no sea por 
otra razón que la del parentesco y la del honor. Con tal planteamiento, en absoluto resulta 
tan irracional nuestra confianza”. 

105 Atenienses: Por lo que se refiere a la buena disposición por parte de los dioses, tampoco nosotros creemos  que nos vaya a faltar, pues en nuestras reclamaciones y acciones no nos apartamos del comportamiento humano no en el concepto de lo divino ni en los requerimientos que los hombres se hacen entre sí. Pensamos, en efecto, que  entre los dioses - es una opinión-igual que entre los hombres- con toda certeza- siempre manda,pues es una imposición inexorable  de la naturaleza,el superior sobre el inferior. Y no somos nosotros los que hemos establecido la ley ni los primeros  en utilizarla una vez impuesta. La empleamos ahora, pero nos la hemos encontrado ya en vigor, y en vigor la dejaremos para siempre; y sabemos  muy bien que también vosotros y otros cualesquiera que llegaran a ser tan poderosos como nosotros harían lo mismo. Respecto a los dioses, pues, normalmente no tenemos  por qué temer  que  nos den la peor parte; y en cuanto a vuestra idea de los lacedemonios_ esa confianza vuestra en que su sentido del honor les moverá a venir a ayudaros-, admiramos vuestra ingenuidad, pero no envidiamos vuestra insensatez. Efectivamente, los lacedemonios se emplean consigo mismos y respecto a sus tradiciones patrias con toda nobleza; respecto a los demás, por contra, mucho se podría decir de su comportamiento, pero, para resumir, se diría sobre todo que  más claramente que ningún otro pueblo conocido consideran honroso lo que les gusta, y justo lo que les conviene. Ciertamente, semejante modo de pensar no favorece a vuestra imposible salvación de ahora.

Tucidides por la Clemencia o el castigo. Textos.

Por la clemencia:
Sublevada y derrotada la ciudad de Mitielene los atenienses aprueban un duro castigo siguiendo el parecer de Cleón (castigo similar al de Melos), pero Diódoto les convence de lo contrario, no por que no mereciesen el castigo sino por la conveniencia cara al futuro. Este es parte del discurso de Diodoto según lo redacta Tucidides:

"Es preciso, pues, no tomar peores decisiones en la confianza de que la pena de muerte es una especie de garantía, ni privar a los desertores de la esperanza de arrepentirse y borrar sin demora su culpa. Considerad, efectivamente, que, por ahora si una ciudad rebelde comprende que no tendrá éxito, se avendría a un acuerdo, cuando aún es capaz de compensar el gasto y de pagar su cuota en el futuro; pero de aquella otra manera , ¿creeis acaso que habría alguna que no hiciera sus preparativos mejor que ahora y que no resistiera el asedio hasta el final, si de lo mismo le vale llegar a un acuerdo pronto que tarde? ¿Y como no va a ser un perjuicio  para nosotros , que habremos de gastar dinero en el asedio, dada la imposibilidad de llegar a un acuerdo, y qeu , en caso de conquista , obtendremos una ciudad arruinada y nos veremos privados en los sucesivo  de su tributo, en el cual se basa nuestra fuerza frente al enemigo? Conque no debemos perjudicarnos por ser unos jueces demasiado escrupulosos de los que se han equivocado, sino  buscar para lo sucesivo la forma de castigar moderadamente a las ciudades para tenerlas a nuestra disposición boyantes en recursos económicos"

Observese que el escarmiento de Melos no surtía todo el resultado esperado pues se sublevaban las ciudades aliadas, y que la utilidad, que se manejó entonces como factor decisivo para sancionar a Melos de la que se prefería la enemistad a la amistad sin tributo, se invoca ahora de nuevo frente  a la justicia precisamente para no sancionar a Mitilene "como se merece".

Por el castigo:

En el texto anterior de Tucidides vemos la opinión que se impuso de no condenar a toda la ciudad de Mitilene que había traicionado a Atenas. Este, por el contrario, es el discurso de Cleón que manejo argumentos similares a los de Melos para exigir el castigo y que  no se aplicase al clemencia.

"No debemos dar, pues, base a la esperanza, fiada a la elocuencia o comprada con dinero, de que se obtendrán perdón de sus errores debido a su condición de seres humanos: perdonable es lo involuntario. Así que yo por mi parte, ahora como en la ocasión anterior, me opongo a vuestro arrepentimiento de las decisiones adoptadas y a que caigais en alguno de los tres errores mas perjudiciales para un imperio: la compasión, el gusto por la elocuencia y la clemencia. Es justo, en efecto, corresponder con la compasión a los semejantes, y no a los que no la sentirán de nosotros y tenemos  siempre irremediablemente como enemigos......y la clemencia se otorga más bien a los futuros amigos, que lo serán, además, por siempre qeu a aquéllos  cuya hostilidad permanece estable y no decrece."

domingo, 26 de octubre de 2014

Quienes se preguntan sobre el perdón de los ofendidos olvidan la persistencia del resentimiento de los ofensores.

Los provida, y algunos católicos, andan preguntándose si para unas nuevas elecciones le perdonarán al Gobierno la aceptación  de la Ley Aido , pero esa no es la cuestión. Los difícil es que aquel perdone a los provida su propia  existencia. Quienes se preguntan sobre el perdón de los ofendidos  olvidan la persistencia del resentimiento de los ofensores.

Plagio a Lec "La administración de la injusticia siempre se encuentra en las manos adecuadas"

"La administración de la injusticia siempre se encuentra en las manos adecuadas". Algunos tiranos la administran sin excusa, otros, como los jueces democráticos, cubren la arbitrariedad con el ropaje jurídico. ¿Tributo que el vicio rinde a la virtud o incapacidad de mostrarse sin máscara creando buena conciencia? No se, lo dejo al criterio del lector.

viernes, 24 de octubre de 2014

Jesús, Herodes y la mujer adúltera.

El máximo cinismo estriba en  aparentar comportarse como Jesús ante la mujer adultera cuando la cobardía nos impide imitar su desprecio ante Herodes.

domingo, 19 de octubre de 2014

respecto a los debates de estos días recuerdo a don Colacho "Para juzgar a nuestro tiempo basta recordar que los sociólogos son sus moralistas". Escolios 224.

Respecto a los debates de estos días recuerdo a don Colacho "Para juzgar a nuestro tiempo basta recordar que los sociólogos son sus moralistas". Escolios 224.