martes, 26 de abril de 2016

Cuadernos de Volkening comentarios a Escolios mecanografiados Nicolás Gómez. Final.

5 cuaderno. Comentario a Tomo VII.
admirado y querido Don Nicolás
Perdóneme la familiaridad del encabezamiento que no se debe, por cierto, a falta de respeto ni a palurdos arranques de camaradería, sino sencillamente al haberme sentido muy cerca de usted mientras lo acompañaba tan largo trecho a través de siete tomos de Escolios.
Ahora, cuando ya tira a su fin el hermoso viaje que me fue permitido hacer en su compañía, me pregunto qeu pueda decirle para traducir en términos sinceros, justos y adecuados mi íntima convicción de haber leído un opus magnum, una obra de la cual no se que admirar más: la entereza moral, la noble intransigencia, la profundidad e inmensa riqueza de las ideas o la diafanidad latina en el modo de expresarlas.
Estando todavía en esta duda, leo el esolio final de factura romana al " si fructus illabatus orbis, impavidum ferint ruinae", y encuentro que reflejan estas palabras mucho mejor que mis balbuceos y soledades. Bien se que usted no está muy seguro de mi verdadero concepto y sigue preguntándose si sus aforismos realmente se distinguen por las condiciones que les atribuyo.
Sólo puedo repetirle que cuanto he dicho y digo es fiel trasunto de mi pensamiento, como por si sola ha de indicárselo la franqueza- rayana en impertinencia, lo sé y lo lamento expressis verbis- con que en raras ocasiones  le he llevado la contraria. Permitame, empero, hacer al respecto una última observación que quizás qeu quizás suene no poco presuntuosa, mas al fin y al cabo, "Nur die Lumpe sind bescheiden ( Goethe).
Si algún  don de la naturaleza acaso descuelle entre mis modestas facultades, es el olfato para lo bueno y exquisito in artibus et litteris. en este instinto que raras veces  me abandona debo apoyarme cuando le aseguro que un libro del tal transcendencia no se volverá  a escribir en este siglo, ni aquende  ni allende el océano.
Y antes de que se me olvide lo principal: ¡ Gracias por hacer salido tan gallardamente por nuestros fueros.
Su admirado y leal amigo.
Ernesto Volkening.
Bogotá, 22 de octubre de 1973, día en que termine la lectura de los siete tomos de "Escolios a un texto implícito".

lunes, 25 de abril de 2016

Libros y libertad.

Recordaba el escolio que dice que los hombres suelen pedir la libertad de expresión mientras renuncian a la libertad de pensamiento mientras conversaba con la venerable librera de Bogotá Lily Ungar sobre el continuo cierre de librerías. Frente a su pesimismo le decía que lo de Bogotá no es nada comparado con lo de Madrid, donde barrios enteros y el propio centro pierden a los libreros.
Se que hay quien piensa que esto es consecuencia de los cambios tecnológicos, y que ahora los libros llegan por Amazon o en formato electrónico. Puede que sea cierto pero mi natural pesimista me lleva a pensar que la denominada extensión de la cultura ha conducido a su disolución o como decía aquel si la extensión de la enseñanza primaria  termino con la cultura popular, la extensión de la enseñanza universitaria ha terminado con la cultura.
No se si Hans y Lily Ungar huidos de la Viena del Anschluss estarán de acuerdo con estas apreciaciones, si lo estaría  evidentemente su cliente Nicolás Gómez Dávila, que formó en su biblioteca uno de los espacios más libres del siglo XX. En conversación con los muertos, que diría Quevedo, y con algunos vivos vio lo que se avecinaba, la absoluta nivelación en la más completa de las ignorancias.
De la importancia de los libros y de los libreros en la formación de un pensamiento libre, enfrentado en soledad a la fuerte resistencia del pensamiento expresado desde hace siglos, da buena prueba el actual odio a las Humanidades,  expulsadas de la cultura de rendimiento que se nos ha impuesto. No dan puntada sin hilo los barbaros y lo mismo incendian la Biblioteca de Alejandría, ellos lectores de un solo libro, que excluyen cualquier pensamiento complejo de las “aptitudes” y “habilidades” que debe formar la no-cultura de las fichas, de los programas y de los objetivos.  Parece contradictorio criticar la cultura académica y luego echar en cara a la academia la supresión de las materias de humanidades pero puede que estuviésemos ante otra muestra de hipocresía- el tributo que el vicio rinde a la virtud-, no necesaria en unos momentos en los que nos regodeamos en los vicios intelectuales del rendimiento y la productividad.
Por eso es admirable que coincidiendo con la Feria del Libro de Bogotá, la Biblioteca Luis Angel Arango vaya a enseñar el fondo de Nicolás Gómez Dávila el día 21 , y es una pena que frente a nuestra intención, por razones de edad o por no encontrarse entre nosotros  no puedan intervenir los grandes libreros Karl Buchholz  y Hans Hungar que ayudaron desde su exilio a formar el único pensamiento verdaderamente libre:  El construido por cada uno por la íntima y constante selección de sus lecturas. Una soledad que escribe hacia una soledad que lee forman en última instancia la más libre de las compañías

domingo, 24 de abril de 2016

Cuadernos de Ernesto Volkening a mecanoescritos de Nicolás Gómez Dávila. Biblioteca Luis Angel Arango manuscritos.

Probablemente el hallarzgo gomezdaviliano mas importante de los últimos años son los cuadernos manuscritos de Ernesto Volkening que comentan una vesión de escolios de Nicolás Gómez de  1973 en unos textos mecano escritos entregados por el propio autor al crítico y amigo. Parecen previos a una verdadera tarea de edición son mas bien los cuaderno.Los cuadernos a lapiz, comentan en una cara los escolios y en la paralela reunen un conjunto de comentarios muy valiosos. Los Escolios aparecerían en buena parte en Escolios a un texto escrito pero con modificaciones. Algunos por ejemplo estan partidos, es decir reducidos de dos a uno.
Por ejemplo en el cuaderno uno aparece como escolio único. "Nuestra última esperanza está en la injusticia de Dios.
Para Dios no hay sino individuos."
Muchos se depuran normalmente mediante la reducción.
Es necesaria una verdadera obra de edición sobre estos cuadernos pero se abren y terminan con dos cartas importantes. A espera de una edición completa reproduzco aquí la primera:
"El miércoles 23 de mayo de de 2013 recibí de Nicolás Gómez Dávila 7 tomos de un manuscrito modestamente intitulado "Escolios a un texto implícito"- y digo "modestamente" porque ya sé que el "texto implícito" representa la vida misma del autor, su quintaesencia, el fruto de varios decenios de intensa actividad espiritual.
Inicio la lectura de los "Escolios"  hoy el día 24 de mayo  de 1973 y a un tiempo empiezo  a formar los apuntes con los cuales me propongo llenar este cuaderno y tal vez otros. (lleno 5)
Hoy comienzo con mi labor de lector atento y discreto con un profundo respeto, con esa (sigue una cita alemana queno he logrado reproducir) cuya ausencia tan sensiblemente se hace notar en nuestra época".

martes, 12 de abril de 2016

Linchamientos

Retomo el blog tras una breve ausencia.
Parafraseando a don Colacho Gómez es notorio que la sociedad contemporánea tolera una total libertad de expresión porque todo el mundo piensa lo mismo.
Este pensamiento único, definido como lo políticamente impuesto, requiere sin embargo para mantenerse unas acciones permanentes. En algún momento se pensó que estas acciones suponían una forma de presión “suave” respecto a las vías más clásicas de la cheka o la prohibición oficial del ejercicio de la actividad profesional del disidente. Sin embargo, lo observado en España en los últimos tiempos, una vez que una parte de la izquierda ha recuperado su discurso totalitario, prueba que padecíamos un grave desenfoque, surgido por la permanente voluntad del hombre de descubrir la aparente novedad, cuando se asiste a fenómenos recurrentes en el tiempo, como es la imposición del fanatismo.
El pensamiento libre y su expresión libre requiere una cierta distancia, un prudente escepticismo y la existencia de una comunidad siempre exigua e irritantemente elitista, que hace del debate, más que de la solución, el objeto preferente de su ocio, las mejores veces, o de su actividad profesional, en las peores.
La inútil actividad de evitar que nuestra vida nos viva, y nos permita un mínimo de lucidez no atrae a todo el mundo, ni se da con suficiente presencia en todas las sociedades. Es un lujo que sólo algunas pueden permitirse. En los finales del siglo XX y principios de XXI asistimos al fenómeno de que en sociedades donde esta libertad se produjo de forma mas o menos intermitente, o incluso en algunas que apenas la disfrutaron por diversas circunstancias históricas, la libertad de pensamiento y de su expresión está cercenada hasta el extremo de que en el discurso público se imponen unos tópicos, unas naderías, una forma pedorra de expresión que hacen parecer hasta a las arengas de postguerra un prodigio de sutileza.
La imposición, no nos engañemos, procede evidentemente de una minoría, una élite a la inversa, que hace pensar que el lector de cinco libros, o de cientos de libros que apenas son uno, es el árbitro de la intelectualidad.
El comprometido intelectual del izquierdas, como el artista, como el académico criado al modelo de la Costa Este o de California es el principal fabricante de la actual unanimidad. No podemos olvidar que esa unanimidad ha sido impuesta con absoluta premeditación, mediante técnicas que comenzaron con la destrucción de cualquier escala de valores, luego con la expulsión del discurso de todo lo que no era “comprometido”, con el aislamiento, con el desprecio. Pero en una fase posterior la imposición ha creado las normas jurídicas de los millares de códigos, supuestamente morales, que impiden que nadie exprese la menor disidencia. El castigo comenzó siendo una suerte de moderno ostracismo, pero se ha extendido a la sanción pura y dura, laboral, pecuniaria e incluso carcelaria.
El método triunfante en los círculos intelectuales y académicos, se encuentra en estos momentos en fase de extensión al conjunto de la sociedad, e incluso lejos de limitarse al discurso público está penetrando en todo ámbito por privado que sea.
Cuando no se logra la ley o el tribunal se recurre al coro de sicofantes que vienen utilizando como una de sus armas favoritas la declaración de “persona non grata” por organismos oficiales, verdadero asalto al honor que sí que debería ser sancionado jurídicamente, y la exigencia de dimisión de “todos los cargos”, desde obispo a académico de la lengua.

El síntoma mas grave de lo que acontece es la soledad en la que queda el señalado, cuando sus colegas mas cercanos se esconden o muestran una solidaridad privada y nunca pública. Tampoco ayudan algunas defensas. Los más tontos de los bienintencionados pretenden descubrir que la incorrección no era tal, que no se ha entendido, que el linchado no se había apartado de lo correcto. Y así vemos el listado de los agraviados extendiéndose. Si es increíble que los honores enorgullezcan a quienes saben con quienes los comparten, debemos reconocer que quienes no hemos logrado que nos declaren persona non grata debemos sentirnos profundamente avergonzados.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los dioses en los que creemos.

Tengo por cierto casi todo lo que Nicolás Gómez Dávila comentó en sus más de 10000 escolios, pero pocos me parecen más ciertos que este, tomado del Tomo I de Escolios a un texto implícito: El hombre no crea sus dioses a su imagen y semejanza, sino se concibe a la imagen y semejanza de los dioses en que cree..
Al menos todo el siglo XX y XXI hemos padecido a los dioses creadores  del Totalitarismo, por un lado la Humanidad liberadora, por otro, la exaltación divinizadora de la raza o del Estado. Todo dependiente del brutal not serviam que se pronunció a finales del Siglo XVIII con la Revolución.
Frente a las afirmaciones de Nietzsche o Feuerbach no fueron los hombres quienes construyeron sin más estos dioses para coronar sus sociedades sino que cimentaron sus infiernos totalitarios en los dioses que venían siguiendo y en especial en la peculiar religión que entroniza al propio hombre como Dios.
Quienes creen en Dios, uno y padre, corren por supuesto sus riesgos, pero estos riesgos están más en sí mismos que en los propios dioses a los que adoran. En efecto el peligro indudable es el pelagianismo, la pretensión de que la acción del hombre sustituya la acción de Dios, la negación de la culpa y de la gracia.
Quienes creemos en un Dios misericordioso, injusto en cuanto no nos aplica la  dura vara de medir con la que medimos con la justicia humana, que apenas nos toleró la ley del talión para ver si limitábamos el terrible ciclo de las venganzas, tenemos nuestros peligros. Si olvidásemos en algún momento que el pelagianismo es insostenible y en todas partes vemos triunfar las injusticias de la gracia en otra afortunada frase de Gómez Dávila. Pero nuestros actos de barbarie y crueldad son tan contra Dios, que claman al cielo y de ninguna forma pueden  engañarnos. Una vez que Dios se ha manifestado es difícil olvidarle volviendo a los falsos dioses que nos arrastran.
Estos días vemos lo que se puede hacer con el Dios de Abraham cuando se convierte en excusa de una reconstrucción del mundo sin intervención divina, una pseudoautodefensa contra agresiones que no existen, una simplificación de la divinidad sobre la que nos alertó Benedicto XVI en Ratisbona.
Es nuestra principal obligación salvar en este tema la responsabilidad de Dios, siempre misericordioso y denunciar constantemente la caricatura en la que tantos hombres se ven ahora atrapados y subyugados por el terrorismo yihadista.
Si la imagen de la dignidad humana apareció desde la revelación de Belén y su encuentro con el esfuerzo realizado por el espíritu griego, tal como afirmaron entre otros Voegelin,,  ahora que vemos atacadas las calles de Europa es hora de volver a nuestras raíces, mientras giramos esta semana el rostro hacia el que todo lo salva y todo lo perdona.