viernes, 16 de marzo de 2018

Prisión permanente: Revisión.

Se ha repetido en el Congreso del Pacto de San Sebastián en la votación sobre la Prisión Permanente Revisable.
Inútil pues buscar explicaciones en las teorías penales o en la sensibilidad ante el crimen para el alineamiento que se ha producido. Unos, beneficiados políticamente por el terrorismo han buscado evitar problemas de futuro, otros se han realineado con las viejas posiciones de los firmantes del Pacto, separatistas y socialistas.
No se busque mayor aprecio al garantismo en la izquierda. Quienes quieren juzgar crímenes  de hace mas de medio siglo, encargar a comisiones sectoriales de comprometidos la censura previa  o sancionar los delitos en función del autor no están por ninguna garantía.
Y no se traigan el tópico de la reinserción, mantra moralista que nunca ha justificado ninguna pena, y en el mejor de los casos es un fin poco alcanzado hasta el momento.
Lo que ocurre es que la mayor parte de la izquierda no percibe el crimen en si como un peligro que exija una especial defensa y concibe, en general, al criminal como víctima.
La excepción es el crimen ideológico; al enemigo del Estado revolucionario no hay garantías que valgan, se le puede sancionar incluso antes del crimen.
Y ahora en la acción social difusa, la privación de garantías sólo se produce ante quien agrede, desde el lado equivocado, un prejuicio ideológico.
Sólo un tipo de criminal, el enemigo social, merece especial castigo; sólo un tipo de víctima, la manipulable ideológicamente,  especial protección.
Desengañémonos, los del monumento a chequistas no están por las garantías, están por el poder.

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