domingo, 28 de mayo de 2017

Entierros y comunistas. Rosa Aguilar y los Utrera

Hay una cierta pasión comunista por los entierros. Por desenterrar o por evitar los entierros ajenos. En eso como en tantas cosas muestran lo peor de la especie humana. La derecha neomarxista tiende a creer que esas cosas no tienen importancia, proteger el chalet actual es su lema, que los muertos se ocupen de sus muertos. Como en tantas cosas se equivocan.
George Orwell recuerda que "Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controla el futuro". En efecto, 1984 prueba que el dominio del pasado es la base del control, el fundamento del escaso poder sobre el futuro. El progresista suele pensar que es el futuro lo que se puede controlar, el práctico, el totalitario pronto se da cuenta de que eso es indiferente, hay que dominar el pasado, el relato, la historia. En su cinismo el totalitario perfecto de 1984 piensa en el control absoluto, pero ya en aquellos años Gramsci, por ejemplo, era consciente de que el dominio cultural, el del discurso podía dominar el control puramente económico al que se agarraba la burguesía y podía influir de forma decisiva en el control político.
De esta forma, un acuerdo de concordia, no puede hacerse sobre un relato que lo volviera falso en el futuro, de forma que el perdón o la reconciliación parecieses un acto injusto, quien lo realiza ilegítimo y quienes pasan por encima de él los auténticos buscadores de la Justicia.
Esta lectura convertiría en errónea la Transición. No había nada que reconciliar sino que vengar.
La Transición se basaba en una lectura del pasado muy concreta. La guerra civil fue la consecuencia del una serie de comportamientos, atribuidos, al final de ella, a un conjunto de errores cometidos por los principales protagonistas de la II República. Se debió evitar. Desde los cincuenta el partido comunista, principal fuerza opositora, lanzaba tras el fracaso del maquis la consigna de la reconciliación nacional; en los sesenta el franquismo lanzó la consigna de los veinticinco años de paz como principal logro de su acción política. En la década siguiente, la transición pacífica y la construcción de un sistema homologable con Europa era el objetivo, por encima de cualquier otra consideración. En España se amnistiaron, en consecuencia, todas las responsabilidades anteriores sin excepción ninguna. No se pidió ni compromiso de no actuar con violencia en el futuro, como pasó con ETA.
La construcción de un relato histórico alternativo, destinado a deslegitimar cualquier Gobierno de lo que ahora se llama Centro político, transformó esta realidad.
El Régimen de la II República, con todos sus atributos y destrozos  pasó a ser el modelo, su destrucción, la responsabilidad de un sólo sector social, la Transición  una traición a los ideales (que en aquellos años sólo proclamaban unos pocos extremistas). En consecuencia, el régimen del 78 queda deslegitimado, y la acción de ETA, por ejemplo, fue la correcta.
Este discurso, que es el Podemita, pero también el de lo que queda del PCE y de una parte del PSOE, tiene como objetivo claramente garantizado un solo poder de futuro mediante la modificación del pasado.
Mientras el centro sigue a sus comisiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario