domingo, 7 de mayo de 2017

Carta a Pepe Utrera.

Siempre nos pasa lo mismo. Pocas veces me arrepiento de lo que he dicho, muchas de lo que he callado. Lo que no dije a una persona en su momento, empezando por los padres, a algún amigo con motivo de su escrito, a alguna persona admirada. Me ha vuelto a ocurrir, esta vez con Pepe Utrera. Así siempre se le conoció en casa, con familiaridad y con admiración.
A la muerte de mi padre escribió las páginas  mas certeras y afectuosas sobre él. Nos eximió así a los demás  de una tarea que se me antojaba imposible.
Supe que el hecho de que las diputaciones de Sevilla y Málaga le retiraron algunos honores, de esos que dan las diputaciones, le había afectado.
Y no lo entendí. Probablemente  porque era una persona sensible y seguramente  pensaba que España era una y el Estado también, sucediéndose a si mismo a lo largo del tiempo. Creía que las entidades ofensoras eran las mismas que las que le honraron y ese fue su error.
Quise decirle dos cosa, no lo hice y ahora es tarde, pues el está  en la situación de quien  no necesita que le digan estas tonterías de honores. Sirva por tanto sólo como descargo de conciencia y como reflexión no muy original que puede servirle a algún otro caballero en la misma situación.
Una pista nos la dio  Montgomery  en su gesto criticado de devolver la Orden del Imperio Británico cuando se la otorgaron a los Beatles, pero probablemente el era el único que se daba cuenta que no se trataba ya de la misma orden.
Recuerdo entonces el refrán castellano "No ofende quien quiere sino quien puede" y sobre todo el duro dictum de Gómez Dávila "Increible que nos honores enorgullezcan a quienes saben con quienes los comparten". Y recuerdo la irónica afirmación de un político y escritor francés "Las condecoraciones ni se piden, ni se rechazan, ni se ponen".
Tu recibiste un honor del Estado, por los motivos que entonces se honraban, sin estar en  ERES ni financiaciones ilegales.
Ahora recibes el odio de los odiadores y la abstención de los pusilánimes. Nada de esto debería ofenderte. Tu tienes las medalla que te dieron y ahora el escupitajo hacia arriba de los odiadores y sus mariachis.
Los odiadores creen saber lo que tienen entre manos. Repiten el principio denunciado por George Orwell. "Quien domina el pasado, domina el futuro. Quien domina el presente, domina el pasado". No cuentan con nuestra memoria. Y precisamente con cada ridículo acto de odio nos permiten recordar a nuestros hijos lo que vosotros nos contasteis que habíais intentado. Más aún lo que desde niños vimos que hicisteis. Por supuesto os criticábamos mucho desde nuestras recién adquiridas purezas, pero pronto llegaron quienes no os hicieron buenos sino muy buenos. La perspectiva es bondadosa con muchos hechos del pasado y terrible en su  juicio sobre el momento contemporáneo.
Se que te dolía España y eso motivo tus actos de protesta. Pero tu hiciste lo debido y acertaste en los pronósticos. Los derechistas neomarxistas, solo preocupados por el Ibex han sido quienes se han equivocado. Tu no.
Si hubieras podido leer lo que se ha escrito sobre tí estos días te habrías dado cuenta que tu salida, y no sólo de la política,  será envidiada por quienes dedicaron otro día a la mezquindad de ocuparse de tus medallas.

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