miércoles, 7 de octubre de 2015

Desconfianza. Hoy en Actuall.

Desconfianza. Por José Miguel Serrano.

Desconfío de las palabras edulcoradas tanto como de las trampas de la compasión. A mis 55 años he visto suficientes manipulaciones, demasiados casos convertidos en casos modelo para futuras acciones y tantos militantes unirse a las causas compasivas como para creerme determinadas cosas.
Del mismo modo soy consciente , casi con pesimismo insuperable, de las circunstancias de nuestra civilización, del peculiar momento en el que nos encontramos.
Por todo ello y aunque se que no tengo todos los datos y otorgo, en principio, mi confianza a los equipos médicos contrastados, cierto es que hasta el nivel de presión que puedan soportar las dudas sobre el reciente caso de “muerte digna” o de “limitación del esfuerzo” en pediatría en Galicia me crean una enorme inquietud.
Sabemos sobradamente que el vitalismo, entendido como la opción de prolonga toda vida hasta el límite de las posibilidades técnicas, sin más objetivo que la propia prolongación, considerando un éxito la misma en cada día o minuto es un error y desde luego no la querríamos para nosotros mismos. Es un posible error que se puede acentuar en pediatría, donde la esperanza en el sujeto joven, niño, puede mover a actuar con la máxima energía. Pero frente a lo que he oído  a un abogado que me pareció en extremo militante y no precisamente de la causa del tratamiento indicado, el exceso suele venir por parte de padres que presionan con natural empecinamiento para que se pruebe esta u otra medida.
Sé también que aún cuando la alimentación e hidratación son cuidados esenciales, no todo el mundo tiene por que morir o muere con una sonda o siendo hidratado. Pero el hecho de que alimentar o hidratar pueda ser en algún caso contraindicado, por efectos en el organismo, o futil por el proceso en el que esta la persona muriente, no puede significar que se considere que en ciertos casos la dignidad de una persona consiste en morirse “antes” por abandonar la hidratación o alimentación, es decir, por fallecer deshidratada o de inanición. Y tras el caso de Eluana Englaro sabemos que a veces las acciones paliativas tras  el abandono de la hidratación producen  efectos sorprendentes de fallecimientos en pocas horas, en Italia bajo la atenta protección de la fiscalía.
Y es por ello que mi desconfianza aumenta no tanto hacia cada decisión concreta sino ante el lenguaje con el que se cubren los argumentos.
En primer lugar se habla con entusiasmo en medios de comunicación  y juzgados de prolongación artificial. ¿Qué quiere decir esto? Huimos de la naturalidad de la muerte constantemente y nuestros enfermos -sin cuidados que significan no sólo una acción técnica sino también  una decisión de cuidar mas allá del abandono natural al débil que observamos en los animales- morirían sin remedio. Se puede criticar el  empecinamiento o incluso si se quiere el  encarnizamiento, pero cada vez que leo y escucho esto de la prolongación artificial veo aparecer la sombra eutanásica.
Lo mismo ocurre con desconectar. El debate sobre las desconexiones se abandonó hace tiempo. La práctica de no conectar a aparatos o retirar aquellos que parecen fútiles se ha generalizado. Pero en los casos de estados vegetativos persistentes o de personas que no pueden manifestar su voluntad desconectar está vinculado casi siempre en nuestros tiempos, no a una limitación del esfuerzo terapeútico sino a la deshidratación. Desde Brand, Schiavo, Englaro o Cruzan sabemos que simplemente desconectando las personas siguen viviendo en su realidad doliente y por ello digna.
Finalmente muerte digna. Si se entendiese por ella muerte cuidada, atendida, paliada no tendríamos nada que decir. Pero de forma creciente se maneja muerte digna como muerte pronta, o si se quiere muerte cuando la vida ya no tiene sentido. Pero precisamente no es el sentido o no de la vida sufriente lo que se administra en el tratamiento médico y en su regulación jurídica sino los actos que pueden o no hacerse en esos casos. La contraindicación dela alimentación o la hidratación se resuelven en el sentido estrictamente médico de si es futil o contraindicada en este momento concreto y no en relación al sentido o no de una vida afectada por una enfermedad degenerativa.
Pues nos podemos preguntar, y aclararía bastante si el discurso es o no eutanásico, sobre cuál es el momento en el que diagnosticada la enfermedad degenerativa se convierte en respeto a la dignidad el abandono de algún medio de cuidado como alimentación o hidratación.

Me temo que la ficción que se ha extendido en el mundo anglosajón de que rechazar para otro la hidratación es como rechazar autónomamente un tratamiento, se generalizará pronto entre nosotros

1 comentario:

  1. Una verdad como un Templo: " Desconfío de las palabras edulcoradas tanto como de las trampas de la compasión". Si no funciona lo normal, ¿ va a funcionar la compasión?. Muy certero: " como para creerme determinadas cosas."


    ¿Hoy en día se daría el caso de Luís Braille?...no sé...figura bonita de la Historia.

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