miércoles, 17 de junio de 2015

El alumno víctima de la ética de los negocios.

No existiría el profesor de ética de los negocios sin el alumno sometido a la  ética de los negocios, y no por la vulgaridad de pensar que todo profesor necesita algún alumno, ahí están muchas titulaciones para demostrar lo contrario, sino por la necesidad de someter a los alumnos a unos carriles muy determinados   para que pueda progresar nuestro incoherente y peculiar docente.
En efecto, el ingenuo, recordando clásicas revueltas estudiantiles, cencerradas contra los filisteos, incluso injustas algaradas como las que le montaron los estudiantes alemanes de Praga a Kelsen, podría deducir que el profesor complaciente se la juega, bien ante la evidencia de su discurso encubridor, bien ante la constancia de la inutilidad de la materia. Pero el riesgo es nulo en nuestro caso.
El especimen que se ve obligado a  cursar ética de los negocios suele entender que la principal actitud ética que debe mantener en tan difícil empresa es progresar en los negocios. Para ello se forma con ahínco y en esta búsqueda, profesional mas que universitaria,  evita complicaciones que le alejen del proceso ético. Según su procedencia, ya del mundo activo  o bien del  estudiantil, el matriculado en ética puede tomar una de estas dos actitudes.
El primero observa las incoherencias del discurso y la práctica como un elemento propio de los Estudios Superiores, una aportación lujos de las Humanidades en la aplicación estrictamente técnica. Con el segundo hay menos riesgo aún. Considera que la ética es una distracción pero le consuela observar algunos de los tópicos de ética de los negocios. Por ejemplo, todos los tópicos del liderazgo le llevan a considerarse un Julio Cesar de la Caja de Ahorros, o bien, el mantra habitual de  que  ser ético es rentable tranquiliza sus primeras preocupaciones, o mejor, estos asuntos  de la ética están  regidos  por un departamento organizado que dará las instrucciones oportunas.
Otra cosa es cuando el alumno cautivo observe las contradicciones entre los códigos que adornan las empresas y las conductas habituales dentro de las mismas, mas o menos toleradas y mas o menos fomentadas.  Eso sí, de esa discrepancia no tiene la culpa el profesor de ética, ni nadie le ha llamado a resolverla. El alumno, terminado su curso,  se enfrentara de nuevo, ingenuo, a los retos éticos, si es que se los plantea.

4 comentarios:

  1. El alumno " Determinado" accede a un Profesor " Determinado". Mi duda es si en las personas de negocios que siempre hablan de tener ética en la vida y en la empresa, adolecen de hipocresía o pueda sentir algo de verdad en su yo interno de los buenos modales éticos.

    ResponderEliminar
  2. A veces el alumno no puede elegir Profesor, pero a mí me gusta hablar de los alumnos que si saben elegir a sus profesores, viene esto a decir cuando es posible, es una verdadera delicia cuando ese alumno se dirige a buenos profes, por su propia decisión.

    ResponderEliminar
  3. Disculpen me olvidaba, no dejando a un lado la gran importancia de la ética y moral en nuestros comportamientos y en la sociedad, ¿ por qué siempre han presumido personas de ser éticas o transparentes?, ¿ hace falta presumir si se es en verdad?, me viene a la mente el refrán " dime de qué presumes y te diré de que careces".

    ResponderEliminar
  4. Para mí es un verdadero placer como alumna elegir este honesto y brillante blog que hace de Profesor, ¿ los alumnos tenemos derecho a elegir profe también, no?

    ResponderEliminar