lunes, 20 de abril de 2015

Sin solución en el Mediterraneo.

La mayoría de los problemas no tienen solución, o al menos muchos de ellos la tuvieron quizás en una coyuntura histórica pero pasada esta se pierde la oportunidad de sentar las bases en un arreglo duradero. De hecho la sabiduría human consiste no pocas veces en convivir de la mejor manera con los problemas e intentar paliarlos en lo posible. Con un millón de personas esperando a lanzarse al agua en Libia, mas los que seguirán subiendo, huyendo del caos que se extiende en unos casos , o buscando una vida idealizada, en otros, poco se puede hacer sino salvar a los que se pueda y detener a las mafias y perseguir sus beneficios con la eficacia relativa con la que se persiguen los beneficios de la droga.
Si podemos al menos realizar la genealogía del horror que nos rodea y recordar la decisiva intervención británica, francesa y norteamericana en la "primavera" que ha convertido a Libia en el embarcadero de los nuevos traficantes. Si en el desastre sirio intervinieron de forma mediata a través de los saudíes y qataríes, aquí se declaró una zona de exclusión aérea y se bombardeó para situar  en el no poder a unos islamistas contra otros, en un desastre que se amplía según pasan los meses.
Y ello nos lleva a las paradojas del pensamiento conservador mas pesimista. Quizás no podemos hacer cosas que mejoren las situaciones pero desde luego podemos dejar de hacer cosas que las empeoren.

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