lunes, 6 de octubre de 2014

La inutilidad del voto útil.

En general, el voto útil es un pequeño engañabobos, cosa que podría ocurrirle también al voto en general si no fuera porque  nadie ha dado con una buena fórmula para superar este mito..
En efecto, en el voto útil como en el voto en general, quien obtiene la principal utilidad es el representante que obliga al representado a elegir entre guatemala y guatepeor. Por ello de los sistemas democráticos lo mas valioso es lo menos democrático, es decir, como decía don Colacho Gómez, los límites, llamados despectivamente "Libertades Formales" que se ponen a la "Voluntad Popular", esto es, al poder absoluto del gobernante. Esos límites  precisamente con los que quiere acabar "Podemos".
En el voto útil se cree que se sacrifica una idea mas propia, el ideal político, incluso la simpatía personal a una utilidad que consiste normalmente en que alguien a quien uno  teme no obtenga el poder.
Desde la perspectiva de los partidos mayoritarios, el voto útil viene a ser el voto fijo, sobre todo en la derecha, menos ideologizada, o nada ideologizada. A la hora de la verdad nos votarán para evitar a los otros. Este evitar a los otros es, por otra parte , la única justificación del voto de los escépticos, como volvía a decir Gómez Dávila.



Descontando a quienes votan a quien va a ganar, que es lo que se hace normalmente en las Universidades, y ocurre en un sector amplio de la sociedad, el mayor riesgo del voto útil es la constatación de su inutilidad. Esto ha ocurrido en mas países de lo que parece y es el fenómeno que se puede llamar desencantamiento. Consiste en observar que no es muy relevante quién gane, es decir, que son lo mismo unos que otros. Eso que Podemos aquí o el FN en  Francia han calificado como "la casta política".
En ultima instancia unos y otros pueden acabar aplicando la misma política en aspectos fundamentales y el votante tan sólo "selecciona" a quienes ocupan la poltrona, selección de la que el votante común no obtiene mucho, por no decir nada. Si lo que se prepara es una "Gran Coalición" debido al desencantamiento y el riesgo real para el sistema (a mi me preocuparían fundamentalmente los riesgos para  las libertades formales) el juego al final es ver quien presidirá la Gran Coalición.
En estas circunstancias supongamos que un sector de los votantes tienen algún principio fundamental en el que se basa una parte de su opción, o si se quiere una parte del espectro político viene otorgando el voto pensando que una fuerza más útil defenderá en cierta forma algunos principios o intereses. Pensemos que en cierto momento ese grupo de personas constatan que han pasado a ser considerados un voto fijo o cautivo de una fuerza política que aplica políticas divergentes con lo prometido. Es lo que viene ocurriendo,  sobre todo en los aspectos sociales, en la carrera hacia la izquierda de la supuesta derecha política. En estas circunstancias el voto útil se vuelve el mas inútil de los votos.
 El mayor error entonces, en quien viene aprovechándose de esa utilidad, es revelar la inutilidad del voto, es decir, hacer explícita la convicción de que finalmente la opinión de esos votantes es irrelevante debido, fundamentalmente, a su fidelidad. No pretendo moralizar el asunto, mostrando el  desprecio a quien incluso en las horas mas bajas apoyo a la fuerza política, me refiero a que no es muy inteligente poner al engañado ante su engaño de forma tan explícita. Al preverse su reacción como si fuese un acontecimiento inevitable se llama a su orgullo ¿quizás a su libertad? para que muestre su  enfado. Por otra parte, el juicio manifestado por el beneficiario del voto sobre su votante es tan duro, tan utilitarista, tan despreciativo si se quiere, que puede interpelarle para que intente no parecerse a la imagen que de él tiene su representante.
Desde la perspectiva de quien cree que su voto puede tener influencia en la política o al menos de quien pretenda que eso suceda en un hipotético futuro la fidelidad se convierte en un terrible problema. Bajo el argumento de que "acabarán votandonos"  la irrelevancia se hace manifiesta. Es decir, el voto que adquiere valor es el voto fluctuante. La fluctuación es de dos tipos, uno es la fluctuación a otro partido, cosa no muy sencilla en este momento para las personas a las que nos venimos refiriendo. La otra fluctuación,, por supuesto, es el elemental derecho de votar o no votar. Es por ello muy desconcertante que algunos líderes morales o de iglesias sigan dando la tabarra con la obligación de participar, cuando precisamente el derecho a no participar es muchas veces el modo de hacer relevante un voto. Al fin y al cabo es el candidato quien tiene que convencer al elector y no este quien tiene que conformarse con cualquier candidato.
El problema se complica con otro factor, como es la fiabilidad de las promesas electorales. Aquí lo relevante es el historial de incumplimientos y en esto si creo que hay un empate técnico entre derecha e izquierda, pero claro  al votante deben importarle los incumplimientos de los suyos.

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