sábado, 26 de octubre de 2013

No es el apoyo a las víctimas del terrorismo lo que esta en juego: es si en España hay o no justicia.

Los bienpensantes han decidido que lo que esta en juego si en España, por segunda vez en los últimos treinta años, los crímenes de ETA quedan impunes es como se sientan o no las víctimas del terrorismo. Es decir, hay que calmar a las Erinnis vengadoras de los familiares pero respetando la "justicia" y el  "futuro" pacífico que se nos abre una vez que el TEDH y su juez socialista han hablado sobre la doctrina Parot; es decir, sobre el intolerable hecho de que se modifique un brutal sistema de incumplimiento generalizado de penas para los crímenes mas horribles; sistema  impuesto en España durante la Transición y mantenido luego a lo largo del tiempo. Hemos visto extenderse los plazos de prescripción de delitos, hemos visto leyes de internamiento en el Ulster, hemos visto la entrega de nacionales de terceros países para ser internados en Guantánamo, hemos visto leyes retroactivas, absoluciones de conveniencia, restricciones a la libertad de expresión, a la libertad religiosa, al derecho a la vida,  pero aquí lo intolerable es, por lo visto, un sistema medianamente racional de cumplimiento de penas en España.
Ante el escándalo,  los bienpensantes resuelven el problema; hay que dar "cariño" y "apoyo" a las víctimas. Y,  sobre todo, hay que despolitizar   la cuestión principal que vuelve a ser que  ETA nunca paga. En conclusión, debemos olvidar  la escandalosa injusticia y soslayar una duda terrible que afecta al todo el sistema jurídico: en un país donde 22 asesinatos se "pagan" con la pena de un desfalco ¿existe algo parecido a la justicia?
No son las víctimas sino la injusticia radical y complaciente del sistema jurídico lo que esta en juego. No es el cariño o el dolor sino la convicción de que la justicia en España siempre cede ante la conveniencia política. No es el prestigio de Estrasburgo quien sufre o se ve amenazado:  es el del  Gobierno, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, el Congreso y el Senado. No es el natural deseo de venganza de los familiares lo que hay que calmar sino la indignación ante la injusticia que domina a buena parte de la población española. Población a la que   los discursos de estos días no convence, pues observa de nuevo a la conveniencia imponerse sobre las promesas. Se cumple otra vez el terrible dictum de Lec: "La administración de la injusticia siempre se encuentra en las manos adecuadas". No dudamos de Estrasburgo, dudamos de lo que se ha pactado.

Y esto no se arregla ni con cariños ni con palmaditas.
pd Hoy en Colón se ha podido ver que los bienpensantes aciertan pues en general a nuestros compatriotas les es indiferente la justicia o la injusticia, y también la impunidad.  

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