martes, 29 de marzo de 2011

Carta de Universitas sobre la violencia radical en la Universidad.

 Adjunto la carta abierta que me ha enviado al Asociación Universitas.

CARTA ABIERTA A LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA

Los hechos

El jueves 10 de marzo un grupo de estudiantes irrumpió en la capilla de Somosaguas.
Ofendieron a los cristianos y a todos aquellos que saben que la libertad religiosa
es un bien
precioso y está en la base de nuestra convivencia democrática. Tres días después, la
asociación de estudiantes universitarios Atlántida hacía público un manifiesto
titulado
"¿Quién tiene miedo a la libertad en Somosaguas?". Ha sido una provocación para
muchos;
ha trascendido fuera de la vida académica. La iniciativa de Atlántida nace de lo que
es propio
de una vida realmente universitaria. Desde hace un año, esta asociación publica un
periódico, Samizdat, con el que trata de afrontar y juzgar todo lo que les interesa
a sus
socios. Lo repartieron en el Campus de Somosaguas el viernes 4 de marzo y el lunes 7
de
marzo. Su intención era encontrarse con otros, "valorar y someter a sana crítica sus
propias
propuestas". Se les ha respondido, en muchos casos, con la intimidación. En otros,
afortunadamente también numerosos, ha supuesto una posibilidad real de encuentro entre
personas y una ocasión de superar las ideologías en las que muy fácilmente nos
encasillamos
unos y otros. Por ello, el modo de moverse de los estudiantes de Atlántida, antes y
después
del ataque a la capilla, a nosotros, profesores universitarios, nos obliga a
decidir: podemos
considerarlo anecdótico o estimarlo como un sano ejercicio de la libertad, como un
fresco
uso de la razón que invita a repensar algunas cuestiones de la vida universitaria.



El desafío de los hechos

No es adecuado tolerar actitudes violentas. Son totalmente contrarias a la vida
universitaria y desacreditan la institución. La Universidad es un lugar de libertad
y de
defensa de la razón. Y toda opción violenta va contra ambas. La violencia siempre es
consecuencia de la falta de razones. Nos preocupa la desidia ante lo sucedido en
Somosaguas, pero también muchas otras coacciones que se producen a diario. La primera
muestra de dejadez es intentar justificar, banalizar o difuminar los hechos. Es
pobre, si no
malintencionado, hacer un uso de la razón que no sea capaz de mirar cara a cara lo
ocurrido,
que no se deje tocar por lo sucedido, que no busque la verdad. En algunas facultades
de la

1



Universidad Complutense, se ha convertido en un acto heroico poner un cartel o
repartir un
periódico. Algunos estudiantes tienen miedo a mostrarse como son porque en clase se
les
ridiculiza. En ocasiones se les califica como fascistas por disentir del pensamiento
dominante
y por afirmar su identidad. Se convocan actos o conferencias que son boicoteados. Se
están
lesionando derechos fundamentales. Su ejercicio debe ser tutelado institucionalmente
para
garantizar una efectiva pluralidad. Los derechos fundamentales son mucho más que
ámbitos
de libre autodeterminación privada; son bienes sobre los que se sustenta nuestra
democracia. Pedimos a la comunidad universitaria y a sus autoridades una acción
positiva
que fomente y proteja el ejercicio efectivo de las libertades, en especial de la
libertad
religiosa y de la libertad de expresión. No se puede defender una e ir contra la
otra; las
libertades son solidarias entre sí y, si se lesiona una, pierden todas. ¿Qué
democracia y
convivencia social podemos construir si en la Universidad, en la práctica, no se
tutelan estas
exigencias comunes a todos? El que cada uno se exprese desde su propia identidad y
pueda,
dentro del cauce constitucional, narrar a los otros su experiencia, es un bien
inestimable
para fundamentar adecuadamente nuestra convivencia, y forma parte del uso crítico de
la
razón que es consustancial a la Universidad. La vitalidad de cualquier tipo de
iniciativa en
esta dirección merece protección jurídica.
, se ha convertido en un acto heroico poner un cartel o repartir un
periódico. Algunos estudiantes tienen miedo a mostrarse como son porque en clase se
les
ridiculiza. En ocasiones se les califica como fascistas por disentir del pensamiento
dominante
y por afirmar su identidad. Se convocan actos o conferencias que son boicoteados. Se
están
lesionando derechos fundamentales. Su ejercicio debe ser tutelado institucionalmente
para
garantizar una efectiva pluralidad. Los derechos fundamentales son mucho más que
ámbitos
de libre autodeterminación privada; son bienes sobre los que se sustenta nuestra
democracia. Pedimos a la comunidad universitaria y a sus autoridades una acción
positiva
que fomente y proteja el ejercicio efectivo de las libertades, en especial de la
libertad
religiosa y de la libertad de expresión. No se puede defender una e ir contra la
otra; las
libertades son solidarias entre sí y, si se lesiona una, pierden todas. ¿Qué
democracia y
convivencia social podemos construir si en la Universidad, en la práctica, no se
tutelan estas
exigencias comunes a todos? El que cada uno se exprese desde su propia identidad y
pueda,
dentro del cauce constitucional, narrar a los otros su experiencia, es un bien
inestimable
para fundamentar adecuadamente nuestra convivencia, y forma parte del uso crítico de
la
razón que es consustancial a la Universidad. La vitalidad de cualquier tipo de
iniciativa en
esta dirección merece protección jurídica.

Un pacto de indiferencia

Los episodios de intimidación tienen lugar al tiempo que se extiende una suerte de
"pacto de indiferencia". La vida universitaria se convierte, cada vez más, en una
reserva para
gente que, en nombre de las justas exigencias de la investigación, de los
requerimientos
burocráticos o, a veces, del excesivo número de alumnos, da por terminada su vocación
educativa. Los estudiantes, por su parte, cansados de decepciones y sin referencias
que
despierten su interés por la realidad, asumen una pasividad cómplice. La energía y la
vibración propias del espíritu universitario se secan en un desierto de
escepticismo. El
cambio llega, como ha ocurrido estos días, cuando algún miembro de la comunidad
universitaria, en acto y dando razones, como ha hecho Atlántida en este caso, se
toma en
serio su deseo de libertad, de comprender, de hacer con otros, de abrazar el mundo.
Nuestro "status" no puede ser una excusa para menospreciar la vida allí donde
resurge. La

2



altura de un universitario se mide por su capacidad para poner todo su bagaje al
servicio de
las cosas nuevas que, de vez en cuando, renacen. Si no es así todo lo adquirido se
fosiliza.
gaje al servicio de
las cosas nuevas que, de vez en cuando, renacen. Si no es así todo lo adquirido se
fosiliza.

Una propuesta

Por eso nosotros, como profesores, compartimos el deseo que expresa el Manifiesto
de Atlántida: "Ojalá que la pasión por el estudio y el interés que la realidad nos
despierta a
diario encuentren en la universidad espacios reales de discusión y libertad". Su
exigencia la
hacemos nuestra y proponemos a todos aquellos que os entregáis diariamente a la
construcción de la universidad, como primera expresión de disponibilidad, favorecer la
puesta en marcha de un "Aula cultural". El propósito de esta iniciativa que vamos a
llevar a
cabo será facilitar la reflexión crítica y sistemática sobre cuestiones culturales,
religiosas,
científicas y políticas. Es responsabilidad de las autoridades académicas, de
acuerdo con el
principio de subsidiariedad, apoyar esta iniciativa y otras que surjan de las
personas y
asociaciones presentes en la Universidad y que contribuyan a la convivencia y al
bien común.

Ante las próximas elecciones en la Universidad Complutense de Madrid, dirigimos
esta carta a la comunidad universitaria. En primer lugar, para hacer explícita nuestra
denuncia a la tibia respuesta del actual Rector frente a los hechos violentos de las
últimas
semanas; y, en segundo lugar, para pedir al nuevo que secunde las iniciativas que nos
permitan superar este pacto de indiferencia. La universidad no es la casa de los
autodidactas, es un 'ayuntamiento' de maestros y discípulos que juntos, en la
investigación y
en la vida común, buscan conocer la verdad que constituye el horizonte último del
diálogo.
Sin ella es imposible trascender las relaciones de poder o de imposición.

ASOCIACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN Y LA DOCENCIA 'UNIVERSITAS'

asociacion-universitas@ccinf.ucm.es

www.asociacion-universitas.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario